
Menuda vuelta de tuerca más cruel en el texto de autoficción que Guillermo había comenzado a “escribir” el pasado 24 de abril cuando fue operado de urgencia en el remoto Calafate mientras participaba en una de las actividades que más amaba de su profesión teatral: impartir talleres de escritura teatral, dramaturgia y gestión cultural a entusiastas profesionales latinoamericanos ávidos de escuchar el discurso profundo, sereno, activista y siempre contemporáneo que venía defendiendo con ahínco desde que tenía uso de razón teatral.
Cuando todo parecía que ese texto tendría un final luminoso tras un durísimo desarrollo plagado de incertidumbre y miedo y cuando dicho final estaba prácticamente escrito y consistía en su regreso a Madrid el 14 de julio prácticamente recuperados tanto su salud como su carácter indómito, no se le ocurre otra cosa a su cruel inspiración teatral que redactar una muerte abrupta, inesperada e injusta que nos ha dejado a todos helados en nuestras butacas.
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