
Llegada cierta hora se podía ver la montonera de estuches apoyados en la barra. Había tal enredo de guitarras que, más de una vez, se confundieron las de unos con las de otros
Me dedicaba a holgazanear durante todo el día. Leía a Cortázar y fumaba en la cama. A la tarde me acercaba al Candela a saludar a Miguel. Y si no había comido, su madre abría una lata de atún y me preparaba un bocadillo.
Jugábamos al ajedrez en la mesa del fondo.

















