
Decía un cronista radiofónico, el domingo pasado, que en un acto de la campaña electoral catalana José Luis Rodríguez Zapatero había “tildado” a Salvador Illa como un “líder que estabiliza España” y que es capaz de “persuadir” al independentismo. “Tildado”, tal cual, tal como lo escuché, tal como lo lees.
Tildar, según la tercera acepción del Diccionario de las academias, es “señalar a alguien con alguna nota denigrativa”, luego es incompatible con ese elogio que le hacía Zapatero a su correligionario socialista Illa.
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