
Hubo un tiempo en el que los quioscos florecían a lo largo y ancho de las Ramblas. Con ellos despuntaron aquellas publicaciones gamberras y transgresoras que anunciaban la primavera de Barcelona: Ajoblanco, Makoki, Ozono, Por Favor, Star... todavía me asalta el recuerdo de sus cabeceras. También se vendían libros, novelas de Vázquez Montalbán, de Juan Madrid y de Raúl Núñez, ese otro autor que retrató como nadie la sordidez de aquella época, cutre y mágica a la par, en la ciudad más española de toda la península, me atrevo a decir.

















