
En 2013, Anna Wiener (EEUU, 187) dejó su trabajo en una agencia literaria de Manhattan con un sueldo precario y pocas perspectivas de ascenso. El futuro pintaba poco esperanzador si seguía en el mundo editorial, así que se presentó a una oferta de empleo en una startup de libros digitales. No fue una decisión fácil, quería aferrarse a la idea de realizarse a través de su trabajo y era más probable conseguirlo en el entorno de la literatura que en el de las tecnologías.

















